¿Dónde mirar?
¿A dónde debo mirar? Si volteando la vista está aquello que testifica tu presencia, si al correr de las páginas hay una letra que no es mía. ¿A dónde mirar cuando esa foto me observa con la lentitud en que se desplazan los continentes de los nombres?
¿Qué hacer con esta mirada que sólo alcanza a ver lo inmediato? Cada título, cada trozo de papel, cada objeto puesto ahí con el propósito inamovible de rememorar momentos que se han vuelto áureos; ante lo cual levanto las armas de la negación, de la autodestrucción necia por edificar aquí el mausoleo de este tesoro involuntario.
Me rehúso abriendo los ojos a este despintado cuadro, arrebatándole el color con la mirada, viendo la prenda colocada en la exacta posición en que fue dejada, eternizando los finales inconclusos, desvariando entre fantasías de esperanza, entre conteos de minutos que se acumulan por las noches cansadas de tanto querer, de tanto esperar que la lejanía del horizonte se rompa con el estruendo de una voz cercana.











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